En esta página encontrarás cómo se organizan los programas de Dianegoodchild: qué se trabaja en cada formato, con qué materiales se acompaña el proceso y qué tipo de proyecto conviene elegir según el punto en el que estés.
Cada formato de la academia sigue una misma ruta de trabajo, aunque cambie el contenido: escritura, ilustración o comunicación narrativa. Estos son los pasos que recorremos con cada grupo, desde la primera consulta hasta la entrega del proyecto final.
Revisamos qué quieres contar, en qué soporte y con qué tiempo cuentas. De ahí sale una recomendación de taller: cuaderno creativo, escritura narrativa, ilustración aplicada o una combinación de los tres.
Definimos si el trabajo se apoya en videolecciones, cuadernos impresos o sesiones en vivo. También acordamos qué biblioteca digital y qué referentes editoriales vamos a usar como punto de partida.
Primeras semanas de escritura suelta, dibujo sin corregir y pruebas de voz. El objetivo no es acertar, sino acumular material suficiente para que una idea empiece a sostenerse por sí sola.
Aquí se decide qué se escribe, qué se ilustra y qué se deja fuera. Trabajamos estructura, personajes y ritmo de página con revisiones periódicas sobre el material ya producido.
Última pasada de corrección, ajuste de imágenes y armado del cuaderno o pieza final. Cerramos con una lectura comentada y una ruta de continuación para quien quiera seguir publicando.
Si quieres ver cómo se aplica esta ruta en casos concretos, revisa los casos de uso o consulta los recursos abiertos del atelier.
Lo que sostiene el trabajo en el atelier
No prometemos un método cerrado. Lo que ofrecemos es una estructura de trabajo concreta: escribir, dibujar, revisar y volver sobre lo hecho. Estos son los puntos donde esa estructura se nota.
Partimos de una intuición suelta y la trabajamos hasta que aguanta una escena, una página o un cuaderno completo. El resultado es un proyecto que puedes mostrar sin tener que explicarlo desde cero.
Construimos carácter desde gestos, decisiones y contradicciones, no desde listas de adjetivos. Cuando terminas, sabes cómo suena tu personaje antes de escribir su primera línea de diálogo.
Aprendes a repartir la información entre lo escrito y lo dibujado. La ilustración deja de ser adorno y pasa a cargar una parte del relato que la palabra no necesita decir.
Rutinas breves, sin público y sin corrección inmediata. La práctica se sostiene porque cabe en la semana real, no porque exija un bloque ideal de horas libres.
Sales con preguntas concretas para leer tu material antes de publicarlo o presentarlo. Eso reduce el rehacer constante y te deja avanzar sobre lo que ya funciona.
Si quieres ver cómo se aplica esto en proyectos reales, revisa los casos de uso o consulta los recursos abiertos del atelier.
Estos comentarios vienen de estudiantes que llegaron con una idea suelta y salieron con un proyecto que pueden mostrar. Nos interesa menos el elogio y más lo que efectivamente cambió en su forma de trabajar: cómo escriben, cómo dibujan, cómo deciden qué dejar fuera.
Entré pensando que iba a "aprender a escribir mejor" y terminé entendiendo por qué mis personajes no se movían. El ejercicio de voz me obligó a leer en alto lo que escribía. Ahí noté que todos sonaban igual. Reescribí la mitad del cuaderno y por fin una escena se sostuvo sola.
Lo que más me sirvió fue la parte de ilustración aplicada. Yo dibujaba bonito pero repetía lo que el texto ya decía. Aprendí a dejar huecos: encuadres que no muestran la cara, una paleta de tres colores, silencios entre viñetas. El proyecto final se lee distinto y eso era justo lo que buscaba.
Venía con la costumbre de corregir mientras escribía y no avanzaba nunca. La rutina del cuaderno sin público me quitó esa presión. Escribía quince minutos antes de juzgar, dibujaba sin borrar. En tres semanas tenía material suficiente para armar un relato corto que antes no lograba empezar.
Las videolecciones se pueden volver a ver y eso cambia todo cuando trabajas y estudias a la vez. Revisé dos veces la sesión de construcción de personajes y encontré detalles que la primera vez se me pasaron. El cuaderno de gestos que compartieron sigue siendo mi referencia para revisar antes de escribir una escena nueva.